martes, 19 de enero de 2016

La violencia nuestra de cada día




La fecha 2 del torneo Clausura 2016, arrojó nuevos hechos de violencia que, más allá de suponer que se está erradicando esta nefasta práctica, nos sigue acompañando día con día en las canchas del fútbol mexicano.

En primer lugar, en el duelo del Veracruz en contra del equipo León, el dueño del equipo Veracruz, Fidel Kuri Grajales, después de haberse tomado unos “tragos” (como él mismo lo aceptó), agredió física y verbalmente al doctor Edgardo Codesal, directivo de la Comisión de Arbitraje de la Federación Mexicana de Fútbol (FEMEXFUT), por estar inconforme, según dijo el propio Kuri ya en la “cruda”, con un señalamiento del silbante del partido, Erick Yair Miranda Galindo. Como apunte, es importante señalar que el señor Kuri Grajales, actualmente es Diputado Federal. Hecho vergonzoso por donde se vea, un diputado federal, en estado de ebriedad, agrediendo a un representante deportivo.

En el duelo del club Atlas contra el equipo América, del sábado 16 de enero, los hechos ocurrieron en la cancha. El argentino Walter Kannemann, propinó una entrada con fuerza desmedida contra el capitán de la escuadra americanista, Rubens Sambueza, que le provocó una herida en el tobillo izquierdo. El atlista ni siquiera fue amonestado, de hecho la acción no se marcó como falta. En la misma acción, Michael Arroyo reclamó airadamente la entrada contra su compañero y fue agredido por el panameño Felipe Baloy. Arroyo fue expulsado, Baloy terminó el encuentro. Una mala decisión arbitral hizo que los ánimos se “caldearan” durante algunos minutos, no pasó a mayores.

Un evento aparte, el juego que cerró la fecha 2, celebrado en la ciudad de los Ángeles, entre el equipo Puebla y los Rayados del Monterrey, con triunfo para el visitante, la afición rayada decidió quemar una parte de las butacas del recién reinaugurado estadio Cuauhtémoc. No se reportan lesionados, pero sí daños materiales por varios cientos de miles de pesos.

¿Qué esperan los “dueños del balón” para imponer fuertes sanciones a los rijosos, ya sean éstos directivos, jugadores o aficionados? Obvio que si los demás dueños de los equipos son del talante del señor Kuri, a buen árbol nos arrimamos.

Señores de pantalón largo, la línea que se está atravesando es muy delgada, no son hechos aislados los comentados en este artículo, son acciones recurrentes que, desgraciadamente, se ven en nuestros estadios de fútbol, después ya no vale “tapar el pozo”.

Creemos que los tres hechos aquí narrados merecen sanciones ejemplares para evitar su propagación. Suspender a un directivo violento (y con fuero), seguir de oficio una agresión artera (aunque sea en la cancha) contra un compañero de profesión y sancionar a los aficionados que provocan desmanes bajo el argumento de una celebración.

El reloj sigue avanzando, tic tac, tic tac.

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1 comentario:

  1. La violencia es un verdadero mal que aqueja al fútbol mexicano.

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