En este espacio, de análisis y debate sobre el
fútbol nacional, no podemos dejar sin mencioanr los hechos sucedidos el día sábado
(30.01.16) por la anoche, al término del encuentro entre el Atlético San Luis
frente al Necaxa. Para este caso, el marcador del partido es lo menos
importante.
Ya hemos señalado en ocasiones anteriores, en
este mismo blog, sucesos de violencia que alteran el cauce natural del deporte espectáculo
que es el fútbol, y lo que vemos es que la violencia va en aumento, sigue
siendo un virus que va carcomiendo los intestinos de nuestro fútbol, sin saber
hasta dónde avance.
El sábado pasado, una vez concluido el juego en
la cancha, las porras abandonaron el estadio Alfonso Lastras de la capital
potosina. Por los hechos ocurridos, se infiere que no se guardó el protocolo
convenido para estos eventos de que una de las porras, regularmente la del
equipo visitante, abandone las tribunas del estadio quince minutos antes de que
concluya el encuentro.
Ya en las afueras del recinto se liaron a
golpes, con superioridad numérica de los locales, “alguien” sacó una pistola y
disparó. Hubo cerca de veinte lesionados que fueron llevados al Hospital
Central de San Luis Potosí. Tres de ellos de gravedad, dos por arma de fuero y
uno más molido a golpes.
En la madrugada del domingo (31.01.16) ya las
autoridades informaban que tenían a once detenidos por los sucesos. No es
suficiente, y no me refiero al número de detenidos sino a los hechos en sí.
Según parece, a nadie le importa que sucesos
como el aquí narrado ocurran con una frecuencia casi interrumpida semana con
semana. Sino es en una cancha es en otra, tanto en la primera nacional como en
el nivel de ascenso. Las porras o barras, en las tribunas y en las afueras de
los estadios; los jugadores, al calor del cotejo, en la propia cancha; incluso
directivos (como referencia la agresión del señor Kuri, dueño del equipo
Veracruz, al doctor Codesal); pero siempre hay nota que refiera violencia
en torno al fútbol.
Desde esta tribuna, lo que no podemos hacer es
dejar pasar de largo hechos como los ocurridos recientemente en San Luis
Potosí, bronca en la que por nada pudo haber muertos, ¡muertos por bala!
La confianza con la que se manejan los “dueños
del balón” es excesiva. La carga terrible que conllevan hechos de violencia
puede hacer que el fútbol vaya perdiendo presencia a nivel familiar y desde
luego social. ¿Qué padre o madre de familia querrá ir a un estadio de fútbol con
sus hijos a presenciar cómo se atrancan a golpes las “barras” de los equipos con
el riesgo que ello implica? creo que ninguno.
No hagamos oídos sordos a lo que está
sucediendo, no cerremos los ojos a hechos de alta peligrosidad. Tapar el pozo
una vez el niño ahogado, no tiene ningún sentido!!!
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