La fecha 2 del torneo Clausura 2016,
arrojó nuevos hechos de violencia que, más allá de suponer que se está
erradicando esta nefasta práctica, nos sigue acompañando día con día en las
canchas del fútbol mexicano.
En primer lugar, en el duelo del Veracruz
en contra del equipo León, el dueño del equipo Veracruz, Fidel Kuri Grajales,
después de haberse tomado unos “tragos” (como él mismo lo aceptó), agredió
física y verbalmente al doctor Edgardo Codesal, directivo de la Comisión de
Arbitraje de la Federación Mexicana de Fútbol (FEMEXFUT), por estar inconforme,
según dijo el propio Kuri ya en la “cruda”, con un señalamiento del silbante
del partido, Erick Yair Miranda Galindo. Como apunte, es importante señalar que
el señor Kuri Grajales, actualmente es Diputado Federal. Hecho vergonzoso por
donde se vea, un diputado federal, en estado de ebriedad, agrediendo a un
representante deportivo.
En el duelo del club Atlas contra el
equipo América, del sábado 16 de enero, los hechos ocurrieron en la cancha. El
argentino Walter Kannemann, propinó
una entrada con fuerza desmedida contra el capitán de la escuadra americanista,
Rubens Sambueza, que le provocó una herida en el tobillo izquierdo. El atlista
ni siquiera fue amonestado, de hecho la acción no se marcó como falta. En la
misma acción, Michael Arroyo reclamó airadamente la entrada contra su compañero
y fue agredido por el panameño Felipe Baloy. Arroyo fue expulsado, Baloy
terminó el encuentro. Una mala decisión arbitral hizo que los ánimos se “caldearan”
durante algunos minutos, no pasó a mayores.
Un evento
aparte, el juego que cerró la fecha 2, celebrado en la ciudad de los Ángeles,
entre el equipo Puebla y los Rayados del Monterrey, con triunfo para el
visitante, la afición rayada decidió quemar una parte de las butacas del recién
reinaugurado estadio Cuauhtémoc. No se reportan lesionados, pero sí daños
materiales por varios cientos de miles de pesos.
¿Qué esperan los “dueños del balón” para
imponer fuertes sanciones a los rijosos, ya sean éstos directivos, jugadores o
aficionados? Obvio que si los demás dueños de los equipos son del talante del
señor Kuri, a buen árbol nos arrimamos.
Señores de pantalón largo, la línea que se
está atravesando es muy delgada, no son hechos aislados los comentados en este
artículo, son acciones recurrentes que, desgraciadamente, se ven en nuestros
estadios de fútbol, después ya no vale “tapar el pozo”.
Creemos que los tres hechos aquí narrados
merecen sanciones ejemplares para evitar su propagación. Suspender a un
directivo violento (y con fuero), seguir de oficio una
agresión artera (aunque sea en la cancha) contra un compañero de profesión y sancionar a los aficionados
que provocan desmanes bajo el argumento de una celebración.
El reloj sigue avanzando, tic tac, tic
tac.
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La violencia es un verdadero mal que aqueja al fútbol mexicano.
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