martes, 26 de enero de 2016

Picardía vs Marrullería




En mis años mozos se decía que un jugador de fútbol tenía “picardía” cuando demostraba una gran habilidad en el manejo de la pelota porque era gambetero, escondía la esférica al jugador rival, se manejaba con elegancia y maestría en los corredores del área contraría, driblaba a los de la oncena enemiga y servía el balón a sus compañeros con pases de medio gol.

Algunos de los grandes maestros de la picardía de aquellos años eran, por ejemplo, el “Willi” Gómez del equipo Guadalajara, Benito Pardo del Atlético Español, Fernando Bustos en el Cruz Azul, el “Maestro” Carlos Reinoso en el América, Gerónimo Barbadillo en la oncena de la U de Nuevo León. Posteriormente, también tuvimos a grandes pícaros como a “Batata” o “El Ruso” Brailovsky en el club América, Daniel “El Travieso” Guzmán con las Chivas, “Tita” con el cuadro de León, “Pareja” López con los Pumas, Gerardo Lugo con el equipo de la Cruz Azul, Vicente Sánchez en Toluca; en fin, la lista puede ser interminable y siempre, de manera involuntaria, quedarán nombres en el olvido.

Muchos años después, en nuestra actualidad, empezamos a ver jugadores que priorizan la marrullería por sobre la picardía, que fingen faltas y se desploman en el césped como si hubieran sido víctimas de una agresión que los fulmina. Se tiran en el área enemiga fingiendo una agresión del rival y en espera de que el silbante les marque un penalti inexistente. Porteros que ante la presencia del delantero enemigo se tiran al piso y sin motivo solicitan afanosamente la entrada de las asistencias. No sienten ningún rubor ante el público que paga un boleto por ver a su equipo ganar con todas las de la ley, incluso, no les importa la reprobación de sus propios compañeros de escuadra.

Será que la tendencia actual de priorizar el resultado por sobre la manera de obtenerlo es lo que rige la competencia, si es así, ¡qué lástima!

 
Algunos “románticos” del fútbol, me cuento entre ellos, sin duda preferimos una derrota sufrida con gallardía, antes que ver a nuestro equipo favorito ganar si utiliza estratagemas contrarios al juego limpio. Desde luego que no se ignora la presión con la que ahora se exigen los resultados a los equipos de fútbol. En México, con un torneo tan corto (diecisiete fechas) es casi imposible que un equipo madure lo suficiente para entregar buenos resultados y, mucho menos, un proyecto consolidado.

Dado que no somos ajenos a la dinámica del torneo local sólo exigimos lo justo, es decir, ver juegos de fútbol en los que veintidós jugadores se entregan a su profesión en forma caballerosa y con el ánimo de ganar dentro de los límites del reglamento.

Pero lo dicho sobre las marrullerías no es lo peor, porque lo peor es que existen voces o espacios en los medios de comunicación “profesionales” que justifican estos hechos y que celebran las marrullerías de muchos jugadores, incluso señalan que es parte de la picardía del juego. ¡Por favor, no se confundan y no confundan a los demás!

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