En mis años mozos se decía que un jugador
de fútbol tenía “picardía” cuando demostraba una gran habilidad en el manejo de
la pelota porque era gambetero, escondía la esférica al jugador rival, se
manejaba con elegancia y maestría en los corredores del área contraría,
driblaba a los de la oncena enemiga y servía el balón a sus compañeros con
pases de medio gol.
Algunos de los grandes maestros de la
picardía de aquellos años eran, por ejemplo, el “Willi” Gómez del equipo
Guadalajara, Benito Pardo del Atlético Español, Fernando Bustos en el Cruz
Azul, el “Maestro” Carlos Reinoso en el América, Gerónimo Barbadillo en la
oncena de la U de Nuevo León. Posteriormente, también tuvimos a grandes pícaros
como a “Batata” o “El Ruso” Brailovsky en el club América, Daniel “El Travieso”
Guzmán con las Chivas, “Tita” con el cuadro de León, “Pareja” López con los
Pumas, Gerardo Lugo con el equipo de la Cruz Azul, Vicente Sánchez en Toluca;
en fin, la lista puede ser interminable y siempre, de manera involuntaria,
quedarán nombres en el olvido.
Muchos años después, en nuestra
actualidad, empezamos a ver jugadores que priorizan la marrullería por sobre la
picardía, que fingen faltas y se desploman en el césped como si hubieran sido
víctimas de una agresión que los fulmina. Se tiran en el área enemiga fingiendo
una agresión del rival y en espera de que el silbante les marque un penalti
inexistente. Porteros que ante la presencia del delantero enemigo se tiran al
piso y sin motivo solicitan afanosamente la entrada de las asistencias. No
sienten ningún rubor ante el público que paga un boleto por ver a su equipo
ganar con todas las de la ley, incluso, no les importa la reprobación de sus
propios compañeros de escuadra.
Será que la tendencia actual de priorizar
el resultado por sobre la manera de obtenerlo es lo que rige la competencia, si
es así, ¡qué lástima!
Algunos “románticos” del fútbol, me cuento
entre ellos, sin duda preferimos una derrota sufrida con gallardía, antes que
ver a nuestro equipo favorito ganar si utiliza estratagemas contrarios al juego
limpio. Desde luego que no se ignora la presión con la que ahora se exigen los
resultados a los equipos de fútbol. En México, con un torneo tan corto
(diecisiete fechas) es casi imposible que un equipo madure lo suficiente para
entregar buenos resultados y, mucho menos, un proyecto consolidado.
Dado que no somos ajenos a la dinámica del
torneo local sólo exigimos lo justo, es decir, ver juegos de fútbol en los que
veintidós jugadores se entregan a su profesión en forma caballerosa y con el
ánimo de ganar dentro de los límites del reglamento.
Pero lo dicho sobre las marrullerías no es
lo peor, porque lo peor es que existen voces o espacios en los medios de
comunicación “profesionales” que justifican estos hechos y que celebran las
marrullerías de muchos jugadores, incluso señalan que es parte de la picardía
del juego. ¡Por favor, no se confundan y no confundan a los demás!
Síguenos
en:
facebook.com/Los Goles del Ángel
Twitter: @GolesdelAngel
losgolesdelangel.blogspot.com

Me parece una reflexión interesante
ResponderEliminar